Este negocio no es una basura

Oscar Scorza se siente heredero de su padre, Luis, y de su tío, Aldo, pese a que hace una década decidió separarse de la firma creada por ellos en Oncativo, Scorza.

Luis Scorza (extornero de la desaparecida Vicupiro) y su hermano Aldo comenzaron en 1956 a fabricar equipos para la limpieza urbana, marcando varios hitos en esta industria. Hicieron la primera barredora nacional en 1966 y la mayor exportación del rubro, 120 camiones a Uruguay, en 1972.

Las tempranas muertes de su tío Aldo (1973) y de su padre Luis (1975) dejó a Oscar huérfano a los nueve años; desde ese momento, su vida personal y la empresa se encadenaron.

Fanático de los fierros (fue corredor de Fórmula 3) y de los temas de la higiene y la basura, Oscar decidió iniciar su propio proyecto en 2003.

Hoy, es dueño de Econovo, empresa que fabrica más de 20 camiones compactadores por mes y otros equipos de higiene urbana; exporta 20 por ciento de su producción y ahora tiene proyectos en Venezuela y, desde allí, se lanzará al Caribe.

–¿Por qué dejó la empresa que creó su padre?

–Como en toda empresa familiar, se producen diferencias familiares que se van mezclando con el negocio. Yo tuve siempre claro que cuando hay que hacer un cambio no hay que esperar demasiado; cuando es el momento, hay que hacerlo. Estaba en una edad justa para iniciar algo, 36 años. La familia se había agrandado mucho para los cargos que había; mis hijos eran los menores, así que era el momento.

–¿Qué hacía en Scorza?

–Estaba a cargo del departamento comercial, recorría las ferias del sector en el mundo. Yo propuse dos opciones, comprar la parte de mis hermanos o vender la mía. El resto de mi familia tomó la decisión de comprar mi parte y así fue que me separé. Era un momento clave para iniciar mi proyecto, porque fue en 2002–2003, un momento de crisis en Argentina.

–¿Cómo fue dar este paso?

–Estuve en Scorza desde los 16 años, empecé barriendo el lugar hasta convertirme en gerente. Yo era cabeza de león y me convertí en cola de ratón (risas). Mi idea era crear una empresa pequeña, de nicho, con no más de cinco empleados, dedicarme a reparar equipos y hacer algunos servicios. En ese momento había dos grandes firmas en el país, las dos en Oncativo, Vicupiro (que cerró) y Scorza, con más de medio siglo cada una. Yo era el tercero y en la misma ciudad. Fue una competencia dura.

–¿Por qué?

–Cuando me fui mi único capital eran mis contactos, el conocimiento del rubro y la pasión por este negocio. Mi primera decepción fue encontrar que quienes habían sido mis clientes y mis amigos no confiaban más en mí. Me decían “vos no me vas a entregar” o “pero si vos no tenés fábrica”.

–¿Y qué les decía usted?

–Yo les respondía: “¿Y vos viajás en avión? Sí. ¿Y tenés avión? No”. Había que demostrar que era muy eficiente.

–¿Cuándo dio su primer salto en ventas?

–Comencé en marzo de 2003. En julio, encontré la posibilidad de marcar una diferencia. Compré la representación de una licencia norteamericana, E–Z Pack, para importar compactadoras, en la cual podía vender tecnología y conocimiento.

–¿Y en qué momento empezó a desarrollar sus propios productos?

–Dos años más tarde, desarrollamos una barredora nueva que trajo innovaciones al mercado. La firma nació con una perspectiva exportadora. Primero, comencé colocando equipos E–Z Pack en Chile entre 2003 y 2004. La primera exportación a Bolivia fue en 2005; cuando vino el cliente a conocer mi empresa en Oncativo casi se desmaya, era una oficina no más grande que un panteón. Pero ya en ese momento le había entregado la mitad de los equipos, si hubiera venido antes, no sé si me compraba...

–Ahora ya tiene lugar para recibir a la gente, supongo...

–Montamos la planta en la autopista a Rosario por una necesidad productiva y por imagen, que se presentó en noviembre del año pasado. También tenemos una planta en Lanús, Buenos Aires, para atender clientes y producir roll off (autocargadores) y contenedores metálicos. Hoy, hacemos 20 camiones compactadores mensuales, que representan el 50 por ciento de nuestro negocio; 10 por ciento son barredoras, cinco por ciento, desobstructores y el resto, se reparte entre roll off , cajas volcadores, atmosféricos, y otros.

–¿Cuánto exportan?

–El 20 por ciento de nuestra producción. Después de Bolivia, comenzaron los envíos a Paraguay y Colombia.

–¿Cómo es este negocio? ¿Es un mercado estable?

–El mercado de los camiones compactadores es muy competitivo por precio. Por eso sumamos otros rubros, que nos han permitido crecer. Somos líderes en venta de máquina forestales, como las trituradoras de ramas para producir biomasa para bioenergía. Para esto, hay que elaborar el chip (astillas de madera) y nosotros vendimos chipeadoras a Ledesma. Igual que el enfardado...

–¿De qué se trata el enfardado?

–El negocio de la basura no es sólo cómo juntarla sino qué se hace después. Ahí empezamos a buscar tecnología para enfardar la basura y reducir el tamaño. Como solución ambiental es mejor opción invertir en el enfardado que en el reciclado.

–¿Por qué?

–En Argentina, el reciclado recupera cinco a siete por ciento de los residuos, no más. Cuando se separe la basura en origen (en el hogar, la oficina o la empresa), podrá reciclarse 15 por ciento y, si llegamos a la eficiencia alemana, se obtendría 20 a 22 por ciento. Mientras tanto, ahora los cartoneros se llevan lo mejor y queda para reciclar papel o cartón sucio, que ya no sirve.

–¿Y qué ventaja tiene el enfardado?

–Con el enfardado se reduce el volumen de la basura en una relación de seis a uno y se tratan los jugos para no generar lixiviado (líquido de alto nivel de contaminación producido por la fermentación de la basura). Por su impacto ambiental, es mejor el enterramiento con enfardado que el enterramiento con reciclado; pero el impacto político de este último es más alto, porque implica crear mano de obra local.

–¿Ya colocaron sistemas de enfardado?

–Sí, en Calamuchita, destinado a varias comunas. Tiene capacidad para procesar 150 toneladas por día. Antes de fin de año, instalaremos cuatro más en el país.

–¿Cuántos centros urbanos utilizan sus equipos?

–Estamos en todo el país. Todas las ciudades turísticas argentinas utilizan nuestras máquinas: Iguazú, Salta, Tierra del Fuego, Puerto Madryn, Bariloche, Trelew, y otros.

–¿Cuál es la ciudad argentina más limpia?

–La que menos se ensucia (risas). Creo que Mendoza, por dos factores: ayudan mucho las acequias abiertas porque la gente baldea las veredas y todo se lo lleva la acequia; pero, además, por la educación de los mendocinos. En el mundo, el país más limpio es Alemania.

–¿Argentina está muy lejos de los países desarrollados?

–Sí, pero no por la tecnología sino por la educación de la gente. Acá se quejan de que no hay papeleros en las veredas. Hay ciudades en Estados Unidos en las que no hay papeleros en ningún lado porque la gente tira los papeles en sus casas. Por suerte, los jóvenes tienen algo más de conciencia sobre estos temas.

–¿Pensó en participar de la recolección de residuos?

–Tenemos una división para dar servicios y asesoramiento, sobre todo, para el alquiler de camiones, entrega de equipos y manejo de costos. Participamos en la formación de Cotreco en Carlos Paz, pero fue por unos pocos meses de 2004, para ayudar a un cliente a montar el servicio con equipos propios. Pero no nos metemos en esto porque es competir con nuestros clientes.

–Ahora comienzan a trabajar en Venezuela...

–Ya veníamos exportando por medio de un representante, pero cada vez menos, por la pérdida de competitividad. Venezuela es un país que necesita transferencia de tecnología y asesoramiento. Allí vamos a montar una fábrica.

–Siguen la experiencia de Pauny.

–Algo similar, en la ciudad de Valencia. Enviaremos 700 camiones compactadores en CKD (desarmados), que se armarán en esta planta llamada Econovo Venezuela. Será una empresa mixta, la inversión necesaria allí será de ocho millones de dólares y la hará el Estado venezolano; nosotros ponemos el know how . Es un paso clave en nuestro plan de negocios.

–¿Por qué?

–Porque la idea es, desde Venezuela, avanzar en otros mercados de la región, como Colombia o Ecuador. Será en un año o cuatro, no importa. Es más fácil abordar el Caribe cuando se lo hace desde allí; además, los costos logísticos son muy altos como para hacerlo desde Oncativo.

–¿Atenderán también la recolección?

–Sí, pero en Isla Margarita. Allí montaremos una empresa llamada Sanear, que hará el servicio completo de solución ambiental con recolección de la basura, compactación y enterramiento en el continente. Vamos a llevar 15 argentinos para capacitar a la gente y montaremos una planta de enfardado de basura con capacidad para 700 toneladas diarias. Este proyecto implicará una inversión global de 46,5 millones de dólares.

–¿Para eso ampliarán la planta?

–La idea es lograr una planta modelo de equipos de higiene urbana, y duplicar la capacidad que teníamos. Se invirtieron 10 millones de pesos para adaptarla al proyecto de Venezuela y llegar a 35 camiones mensuales. Será modelo en amplitud y forma de fabricación; tendrá dos robots para soldar. Lo más importante de todo es que la edad promedio del plantel es de 35 años.

–¿Cuándo estará lista?

–En marzo del año próximo. El plan implica también construir compactadores automatizados y robotizados de la marca italiana AMS. Primero se importarán desarmados para armarlos acá y luego se traerá sólo el 30 por ciento, para que el resto sea contenido local.

–La basura es un negocio que no tiene fin...

–El negocio de la basura se acaba cuando hay crisis. Es por esto que tenemos dos grandes divisiones, una de producción y otra de servicios; cuando cae una, se compensa con la otra.

–¿Cómo observa el futuro de esta actividad?

–Viajo a todos las exposiciones internacionales. En Estados Unidos, hace 20 años que no hay cambios en el servicio. En Europa, hay cambios, pero que no son sustentables. El cambio vendrá por el lado del tratamiento de la basura. Los residuos seguirán siendo residuos; se reciclará aquello que se pueda reutilizar; el resto hay que tratarlo de la mejor forma posible para reducir la contaminación.

–¿Y quemar la basura para generar energía?

–Hacer energía con basura sale 200 dólares el megavatio, la energía hidráulica sale 60 dólares el megavatio. Donde no hay lugar para enterrar basura, como en Alemania, se invierte mucho para compostarla, tratarla, reciclarla y evitar la generación de basura. En Estados Unidos, como en todos los otros países con grandes extensiones de tierra, hay rellenos sanitarios al lado de la ciudad y nadie protesta porque le dan tratamiento al residuo, toman el gas para evitar olores y los líquidos para que no contaminen.

Pasión Deportiva

Nombre. Oscar Scorza.

Años. 47.

Casado con. Rosana Bigatton.

Hijos. Andrés y Giuliana.

Empresa. Oscar Scorza Equipos y Servicios SRL (Econovo).

Empleados. 100 directos y 150 indirectos.

Facturación. $ 120 millones.

Un dato. Produce 20 camiones compactadores por mes. Con la nueva planta y el plan en Venezuela, llegará a 35.

Le gusta. Caza, pesca, automovilismo y boxeo.

Fuente: La Voz

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